El Distrito de Pampas Grande es uno de los 12 distritos de la Provincia de Huaraz, ubicado en la vertiente occidental de la Cordillera Negra, en el Departamento de Ancash. Fue creado por Ley el 25 de Julio de 1857. Cuenta con aproximadamente 1700 habitantes.

Fundación De Pampas Grande

Por: José Luis Poma Macedo
La fundación de Pampas Grande se remonta a cuatro siglos atrás cuando menos y está sustentada por una leyenda que se conserva a través de la tradición oral, manteniéndose inmanente en el corazón de sus hijos, y como otras tantas de igual brillo -regionalistas y hermosas- forma su patrimonio histórico que supervive en el tiempo y el espacio.

Sin la elocuencia que requiere este aspecto de mi pueblo, con el cariño más hondo y sincero, recojo para la posteridad y la plasmo en mi modesta pluma, tal como me la refirieron venerables ancianos que hoy descansan en la quietud de sus tumbas.

El conquistador hispano, ávido de oro y plata y sediento de un afán de dominación de los más alejados rincones del esplendoroso imperio incaico, posó sus plantas en las agrestes faldas de la vertiente occidental de la Cordillera Negra, que delimita el hermoso Callejón de Huaylas. Si bien, en ciertos lugares, descubrió vetas de minerales que fueron explotadas medianamente, Pampas Grande no ofreció nada notable en este aspecto, pero sí, era una tierra de promisión para la agricultura y ganadería; sus vastas extensiones de bosques que albergan abundantes cantidades de pastos naturales y la fertilidad de sus tierras, ofrecía un futuro de grandes proyecciones que, con el correr de los años, sería una bella realidad.

Posiblemente con esta visión y acatando la disposición del virrey don Francisco de Toledo, para la fundación de ciudades, a nivel nacional en cada tres leguas, decidieron fundar un pueblo, que a la postre, resultó Pampas Grande, la más antigua y la más importante de esta región, que llegó a ser primero Cabeza de Repartición y luego sede de la extensa Parroquia de San Jerónimo, y posteriormente distrito, cuyos anexos fueron Pira, Cajamarquilla, Colcabamba y Huanchay.

La Leyenda

Explorado su territorio y conseguido un entendimiento con el Cacique y los pobladores nativos, habitantes de las parcialidades de Allauca Pomas e Ichoca Pomas, se decidió fundar un pueblo; para el efecto, una comisión buscó el lugar apropiado que, en un principio, ubicó el lugarde Raprán (hoy caserío de La Victoria).

De acuerdo a la costumbre, en primer lugar, debía construirse el Templo para colocar al Patrón y proceder a la lotización del radio urbano, para cuyo efecto, trasladaron con pompa y solemnidad la imagen del Patrón elegido, San Jerónimo, cuya efigie procedía de la lejana España. El traslado desde el puerto de Casma, lleno de fervor y suntuosidad, se ha perdido en la lejanía del tiempo y sólo nos hace meditar en sus contornos de acuerdo alas circunstancias de aquella época de fe y sumisión profunda. Colocado el Patrón en el sitio escogido, que actualmente es la Capilla de La Victoria, se inició con gran entusiasmo la apertura de las zanjas para los cimientos, tarea que todos los pobladores ejecutaron de muy buen gusto. Al caer el sol, que ofrece un espectáculo maravilloso, se quedó un grupo a velar la imagen, entonado por la música autóctona y el efecto de buenos tragos de alcohol, que ya de madrugada los obligó a descansar, formando un círculo, cuyo centro ocupaba San Jerónimo. Al despertar con las primeras luces del alba, se dieron cuenta, con inesperada sorpresa, que el Patrón no estaba en su lugar y no habías nisngún dato de su paradero. Es deimaginarse el impacto que les causó, y las reciminaciones por negligencia que fueron víctimas los encargados de su cuidado. Desmoralizados y temerososde un castigo, salieron en diferentes direcciones en pos del divino fugitivo, mientras un grupo seguía lsruta deCasma, otros, desplegándose por todos los rincones del extenso territorio seguía la búsqueda minuciosa y constante, no consiguiendo nada halagador, hasta que un pastor de las alturas, perteneciente a la familia Kakash, que cuidaba su rebaño, encontró al santo rodeado de conchi y anquí (espinas o cardos) cómodamente instalado al pie de una frondosa ñuñunya en el sitio que, años después, se edificó el amplio y majestuoso Templo de Pampas Grande.

La noticia de su hallazgo cundió rápidamente el ámbito pampasino, reuniendo a un buen número de aborígenes y castellanos, que con el cuidado y devoción, procedieron a trasladara Capilla Coto e inmediatamente reiniciaron los trabajos con el entusiasmo inicial. Pero a amanecer del nuevo día, no estaba el Patrón en su sitio. Ese hecho concitó en forma profunda a los moradores que interpretaron en diferentes maneras, hasta de considerlo de funestas, decideiendo mayoritariamente que el lugar escogido por ellos, no era del agrado del Santo.

Por acuerdo unánime, una comisión se encargo de recorrer y escoger otro sitio para el futuro pueblo y después de afanosa labor, ubicó el lugar llamado Llecllishpampa, cercano al actual poblado de San Juan, donde llevaro a cabo los trabajos preliminares del trazo urbano, plantando lajas de piedras en hileras que limitaban sus calles, vestigios que permanecieron hasta hace pocos años y que fueron destruidos al convertir dicho área en un campo deportivo; pero tampoco este lugar, mereció el aprecio del Patrón que, al igual que de Capilla Coto, abandonó para resultar en el sitio donde está el actual pueblo de Pampas Grande.

Ante esta alternativa, escogieron el sitio de Cañipampa, cerca del actual pueblo de Chorrillos, donde levantaron los cimientos del Templo hasta más de un metro de altura, guardando en dicho lugara Jillucho bajo cadena. Muy poco tiempo duró su cautiverio y ante el asombro general, desapareció cadena y todo, apareciendo en el sitio escogido por él.

Con vencidos de lavoluntad sel santo, edificaron su Templo y el pueblo en el lugar donde se encuentra actuelmente y de este sitio nunca más se movió, manteniéndose hasta la fecha, rodeado del fervor de los pampasinos, querido y respetado por todos los milagros que se le atribuye y temido a la vez por muchos castigos, dueño y señor dela tierra de los Poma, Huaranga, Tapia, Caqui, Calero y otros.

Su fiesta, el 30 de setiembre es solemne y alegre, reúne no sólo a los que residen en su rico y extenso territorio, sino también a quienes moranen diferentes pueblos del Perú, que concurren en caravanasa impresionante para calmar su nostalgia y reafirmar su hondo sentimiento pampasino.

El terremoto de 1970 destruyó el hermosos pueblo y el imponente Templo de estilo colonial con adornos del arte español y es incomprensible que las imágenes de San Jerónimo y Jillucho Escapador, resultaron con pequeños daños, a pesar de encontrarse sepultados entre los escombros. La Sociedad Progreso Pampas Grande solicitó ante CRYRZA, un estudio esmerado para la ubicación del nuevo pueblo y la Comisión Técnica destacada por ese organismo, previo estudio y minuciosa evaluación, decidió se reconstruya sobre los escombros de antiguo pueblo.

Leyenda De Canchón

Por: José Luis Poma Macedo
A 4 kilómetros al sur de Pampas Grande pasa una cadena rocosa que nace en Huamancalla, al lado este, y muere ramificándose en el oeste. En la parte central de esta cadena se encuentra el famoso cerro de Canchón, de soberbia y granítica mole, erguido al infinito, en medio de otros menores que simulan un grupo humano en marcha. De esta altura, con su figura inconfundible de extraordinarias proporciones, constituye el centinela eterno que ha sido, y es, inspiración de generaciones que moran el terruño pampasino, hecho que se traduce en hermosas producciones narrativas y poéticas, así como musicales. Para todo pampasino, es esencia de vida y cariño, perennizado en versos, cuyo origen se pierde en la lejanía del pasado y que vive trasmitido con la misma euforia, de generación en generación.

A tono con las leyendas de la época incaica, se ha forjado una hermosa narración mítica, en torno al coloso guardián de Pampas Grande, cuyo texto se resume en el siguiente relato:

Canchón, un varón gallardo y seductor, oriundo de la tierra de los Allauca Pomas, consiguió ser correspondido sentimentalmente por Huascarán, hermosa princesa de prístina blancura, atracción y ensueño de cuantos la conocieron.

La joven pareja se instaló en las cumbres del cerro Utsuquí formando un hogar respetable y rodeada de un gran número de servidores. La comunión matrimonial envidiable, al correr de los años, fue marchitándose paulatinamente por las correrías extramatrimoniales de Canchón, gallardo y apuesto galán, que fue tentado por otra guapa nativa, hermosa morocha hembra, llamada Sutoc Maria.

Toda acción desplegada por Huascarán no tuvo resultados favorables, por el contrario, sirvieron para estrechar más las relaciones ilícitas que eran del dominio público por la actitud descarada de ambos, que no respetaron las reflexiones y condenas públicas.

Agotados todos los esfuerzos, la resignada y bella Huascarán, decidió pone fin a tan desagradable situación y luego de meditado y paciente examen, optó por alejarse para siempre, dejando tranquilos a su esposo y amante. Esta decisión fue el resultado de la lucha moral de muchos días entre, quedarse a sufrir la amargura de una acción desleal, o alejarse definitivamente, dejando en el abandono a su numerosa y tierna descendencia. Su amor y ternura maternal fueron vencidos por el golpe de la infidelidad de su consorte, para mantener una vida en el ámbito de la meditación y el recuerdo permanente de sus hijos.

Al caer la tarde de un lejano día, la que fue ama y señora de los reinos pampasinos, con el dolor más grande que puede soportar el corazón humano, con el sigilo y prudencia de esa hora crucial, abandonó su hogar, llevando solamente a dos de sus más tiernos hijos, dirigiéndose al hermoso Callejón de Huaylas, que había visitado en varias oportunidades, en compañía de su esposo cuando aún eran felices. Con un profundo dolor, se alejaba de la tierra que le brindó más sufrimiento que felicidad. A una distancia de 4 kilómetros, perdió un pañal sucio de su último hijo, prendaque se convirtió en una porción de nieve; este lugar fue llamado Asiac, o sea "que apesta"; luego, a 20 kilómetros más o menos de su recorrido, perdió una gorra, y también en este lugar denominado Mata Caballo, existe una porción de nieve, vestigio de las prendas perdidas en aquel acelerado viaje.

Al fin , después de un largo y fatigoso viaje, pudo instalarse sobre las hermosas tierras de Yungay y Caraz, donde se esableció definitivamente con sus hijos Huandoy y hualcán, llevando una vida de castidad y penitencia, constituyendo la figura más deslumbrante del Callejón de Huaylas, que merece la admiración de propios y extraños. La Providencia, en mérito de su ejemplar conducta y honestidad, le premió con un ropaje blanco que llevará hasta la consumación de los siglos.

El adúltero Canchón que llegó a su hogar luego de pasar momentos felices con su amante, no pudo contener su sorpresa y desesperación,ante una realidad que jamás imaginó. En ningún momento de su descarraida vida, pensó que su resignada y fiel esposa lo abandonaría, dejando definitivamente a sus numerosos hijos.

Se desesperación llegó al solmo al contemplar a su esposa y a sus dos hijos en un lugar tan alejado, resplandecientes e inconmovibles y, sin pensa en la suerte de su numerosa prole, tomó un cuchillo y se castró de un solo tajo, dejando correr sus testículos por la pendiente, uno hacia el sector que hoy se denomina Chorrillos y otro a la vuelta de Utsuquí; son dos peñas enormes de forma redonda que se denominan Cancchompa Rtún (testículo de Canchón) y que sirven de albergue a animales silvestres: zorro, puma, gavillán, búho, etc. y en cierta época del año, a los dueños de las comarcas, que pasan la temporada de la vaquería,en sus amplias y abrigadas cuevas.

De Utsuquí se trasladó al lugar donde se encuentra actualmente para estar frente a su esposa hasta el fin de la tierra, en medio de sus hijos que quedaron para siempre, uno tras otro, en su afán de seguir a su irremplazable madre.

Al otro lado, hacia el pueblo de Huanchay, quedó también petrificada la adúltera Sutoc Maria, con su inconfundible figura de mujer taciturna y decepcionada, implorando el perdón de Dios y de los hombres.